Amor o Una Simple Amistad
martes, 15 de abril de 2014
Capitulo Final - 155
Entonces Jose Luis sonrió. Una sonrisa amplia y arrebatadora que le reveló todo lo que necesitaba saber.
—¿Vamos a tener un bebé?
—Dentro de unos ocho meses —corroboró Hanna.
—Pero, ¿no usábamos ... ?
—Sí. Imagínatelo.
— Santo cielo.
—Sí.
Jose Luis parpadeó algunas veces, luego se encogió de hombros.
—Bueno, creo que deberíamos casarnos pronto.
—Creo que sí —convino Hanna , sintiendo que se evaporaba la última tensión.
—¿Un bebé? —repitió Jose Luis con sonrisa boba.
—Nuestro bebé.
—Vaya experimento que hemos llevado a cabo — Hanna asintió—. Solo me preguntaba una cosa.
—¿Qué?
—¿Por qué no tenemos sexo?
Las palabras que lo habían iniciado todo.
Hanna sonrió y se adelantó.
—Porque vamos a estar demasiado ocupados haciendo el amor.
Justo cuando sus labios se encontraban, sonó el teléfono. Hanna no le prestó atención, ya que sabía que sería Ashley, o Raul, o Gloria. Pensaba contárselo, pero no esa noche. En ese momento comenzó a sonar el teléfono móvil de Jose Luis.
—No pienses en otra cosa —ordenó Jose Luis, llevándose los dos teléfonos fuera de la habitación. Un momento más tarde cerraba la puerta—. ¿Por dónde íbamos?
Hanna sonrió con toda la felicidad del mundo, con toda la fe y el amor que existían.
—Creo que íbamos por el principio.
-FIN-
Capitulo 154
—Hay otra cosa —indicó Hanna.
—¿Debo preocuparme?
—Dios, espero que no —meneó la cabeza.
—¿Por qué eso no me tranquiliza?
Hanna respiró hondo y se lanzó.
—¿Recuerdas que hace una semana tenía el estómago revuelto?
—Claro—asintió Jose Luis y frunció el ceño confundido.
—Bueno, no era por el estómago.
—¿Has ido a ver a un médico? —mostró preocupación.
—Jose Luis, estoy….estoy embarazada. – al fin lo dijo Hanna
La noticia le llegó despacio, en fases. Primero enarcó las cejas. Luego se puso pálido. Se quedó boquiabierto. Le recorrió el cuerpo con la mirada, deteniéndose en el vientre, para subir otra vez a sus ojos.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Hanna con el ánimo hundido.
Capitulo 153
Las lágrimas comenzaron a caer por la cara perfecta de Hanna. Jose Luis la consoló y se las secó con el dedo. En cuanto la tocó, ya no pudo parar. Le alisó el cabello, le masajeó la nuca, le acarició la mejilla.
—Quiero que nos casemos —indicó Jose Luis—. Y, no te desmayes, pero también quiero que tengamos hijos.
Hanna se enderezó de golpe. Al fin la felicidad apareció en sus ojos. Y la sonrisa cegadora que calentaba su corazón como no lo conseguía nada en el mundo.
—¿Estás seguro? —preguntó, como si temiera que pudiera contestar que no.
En respuesta él se inclinó y la besó. Al principio con suavidad, pero el sabor de las lágrimas saladas lo impulsó a levantarse, arrastrándola consigo. La abrazó y la besó como si ello le pudiera salvar la vida.
Hanna le acarició la espalda, cerciorándose de que era real y de que no se había vuelto loca.
Pasado largo rato, se apartó y lo miró con ojos despejados y el pulso firme. Aún quedaba una cosa de que hablar.
—¿Qué? —inquirió Jose Luis
—No me malinterpretes. Esto es lo más romántico del mundo, pero pensaba que quizá podíamos continuar en la otra habitación, - mencino Hanna un poco timida
Jose Luis rio, la besó otra vez y, de la mano, la condujo fuera del baño hacia el dormitorio. Se sentaron en el borde de la cama, con las rodillas pegadas y los dedos entrelazados.
Capitulo 152
—Como se aman una pareja feliz —asintió. Los ojos de Hanna se volvieron enormes y oscuros. ¿Dónde estaba su felicidad? ¿Su sonrisa cegadora?— Es realmente un riesgo inmenso —prosiguió—. Sé que las probabilidades no están a nuestro favor. Es que... —le tomó la mano—... por primera vez en mí vida me siento con suerte, no predestinado. Otras personas no son nosotros. Otras mujeres no son tú. Dios mío, he estado tan ciego, centrándome en lo que podía pasarnos y no en lo que nos había pasado. Hanna, añadir sexo a nuestra relación hizo que la tierra se sacudiera, pero aguantamos con fuerza, ¿no? No nos separamos. En todos los años en los que juré que jamás me casaría, que jamás tendría hijos, dejé fuera una gran parte de la ecuación...
—¿Oh?
—La confianza —dijo Jose Luis—. Dejé fuera la confianza. Esa que comparten los mejores amigos. La que tú y yo tenemos desde que nos conocimos. Y cuando seamos viejos y estemos cansados, observando a nuestros nietos en el jardín, nuestra confianza aún será fuerte. Casi tanto como nuestro amor.
Capitulo 151
—No lo he comprendido hasta ahora —comenzó Jose Luis—. Pensé que manejaba la situación, pero estaba equivocado —ella se limpió la nariz pero no lo detuvo—. Este... este experimento no salió como yo pensaba. No tenía ni idea... no sabía que alguna vez sentiría esto.
—¿Qué es esto? —susurró Hanna.
—Que... que quiero más.
—¿Más?
Asintió, deseando saber cómo decírselo.
—Te quiero —soltó.
—Y yo te quiero a ti.
—No, no lo entiendes. Te amo.
—¿Me amas?
Capitulo 150
—Hanna —se inclinó, tratando de calmar sus pensamientos febriles, de cerciorarse de que ella lo entendía.
Ella se levantó de golpe, con el estuche aún en la mano.
—Perdona —dijo—. Tengo que... —no terminó la frase y se marchó corriendo.
—Aguarda —se incorporó de un salto, pero ella fue demasiado veloz. Al llegar al baño le cerró la puerta en la cara.
—Hanna, sal.
—En un minuto.
—No, no lo comprendes.
—Sí que lo comprendo. Lo comprendo muy bien.
Jose Luis abrió la puerta. Ella se hallaba junto al lavabo con un trozo de papel higiénico ante los ojos. Al retroceder estuvo a punto de tropezar.
—No, no lo entiendes —repitió él—. Te di el estuche equivocado.
—¿Qué?
—El broche. Me equivoqué. Tengo que devolverlo.
—¿De qué hablas?
Avanzó, la aferró por los hombros y la sentó en el borde de la bañera. Entonces él bajó la tapa del inodoro y también se sentó. Hanna retorcía el papel entre los dedos.
Capitulo 149
Pero él captó la emoción ahogada, la vio parpadear varias veces antes de moverse en el sofá y recubrirse con su dignidad.
¿Qué había hecho? ¡Por qué no lo había visto? Había herido a la persona que más quería en el mundo. Se maldijo por su propia estupidez y entonces se le ocurrió otro pensamiento. ¿Y si había querido que ella pensara que se trataba de un anillo? ¿Y si había deseado esa reacción como prueba de que si le pedía que fuera su esposa aceptaría?
La idea lo cegó un instante y le dificultó pensar. Santo cielo, qué expresión había puesto Hanna al abrir el estuche, temblorosa por la anticipación. Ella quería que fuera un anillo. Quería que estuvieran juntos para siempre, y como el golpe producido por una tonelada de ladrillos supo que la amaba y que deseaba, estar a su lado el resto de su vida. Hanna era la llave, Había abierto la puerta de acceso a la tienda de dulces y lo invitaba a pasar. Así de sencillo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)