— No— meneó la cabeza. No pensaba reconocer en qué había estado pensando. Era el momento de una distracción
—. Iré a preparar el café. Ve a ducharte.
Hanna se dirigió a toda velocidad a la seguridad de la cocina, donde la parte inferior de su cuerpo quedaría oculta detrás del mostrador. De ese modo, sin importar lo que Jose Luis dijera, mantendría un poco de dignidad.
— Hmmm, ¿Hanna?
— ¿Sí?— sacó el bote del café del armario.
— Sobre la ducha...
Supo lo que JL iba a decir. Le iba a pedir que se ducharan juntos.
Maldición, ¿qué debía hacer? El cuerpo le gritaba “¡Sí, sí!”, pero, ¿era
inteligente? Si no paraba de mirarlo de esa manera, el voto inteligente
iba a salir derrotado por el voto de seguir adelante.
— Yo, eh... yo..
— Yo, eh... yo..
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