viernes, 4 de octubre de 2013

Capitulo 21

— ¿Qué?— soltó Hanna. No había tenido intención de gritarle. Incluso se sobresaltó un poco.

— Nada.

— Eh, no pretendía ser tan seca. Es que—

— ¿Sí?

— Tengo calor, eso es todo.

— Oh

Maldición. ¿Lo había espantado? Bien. Bueno, más o menos bien. Era muy fácil imaginarse que le subía los brazos, alzaba la parte inferior de su camiseta y la levantaba despacio por encima de su vientre. Deteniéndose un instante para admirar e imaginar qué había debajo de esa camisa y luego continuar hasta haberle quitado la camiseta. Dejarla caer al suelo. Mirarlo. Y entonces... Oh, Dios. ¡Era JL en quien estaba pensando! JL, quien la había consolado durante la ruptura con Manuel. Quien la había visto borracha, enferma, estúpida. El chico con el que podía contar, sin importar nada. ¿En qué diablos pensaba? - se decia Hanna

Jose Luis  debía ir por el mismo camino, porque dio media vuelta y corrió hacia la ducha. Podría haberlo detenido. Lo único que tendría que haber hecho era pronunciar su nombre. Pero no lo hizo, y Jose Luis desapareció.

Bajó la vista. Había estado poniendo café en la cafetera. Mucho café. Meneó la cabeza, echó de nuevo los granos en el bote y volvió a empezar. En esa ocasión contó. Al terminar, la llenó con agua y encendió el aparato. En ese momento oyó el sonido del agua de la ducha.

La situación era imposible.

Tenía que hablar con JL. Decirle que era una idea descabellada. Lo arriesgaba todo, ¿y para qué?

Fue al salón, sacó una revista de su bolsa  y comenzó a ordenar las diversas secciones como a Hanna  le gustaba. Primero puso las de chisme, luego la  novelas y después los chistes. A JL le dejó la sección de chistes.

Se sentó, pero mantuvo la revista doblada sobre el regazo. La cuestión era que lo conocía demasiado bien.  Los diferentes sonidos de su risa. Sin embargo, todavía había misterios. Qué aspecto tendría al dormir. Había imaginado su cuerpo, pero con ello sólo había llenado los espacios en blanco con otras imágenes. Era absolutamente único. Hermoso. - decia Hanna

Maldita sea, ¿es que era tonta? ¿Cómo podía huir de la oportunidad de que con  JL  podía tenerlo todo? Un compañero, un amigo, un amante. Todo sin la inevitable fealdad que acompañaba al matrimonio..., al menos a todos los matrimonios que Hanna había visto. Había leído sobre las parejas felices que celebraban cincuenta y sesenta años de felicidad en común. Pero en su experiencia eso era un mito. 


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