viernes, 4 de octubre de 2013

Capitulo 23

Hanna colgó. Intentó respirar con tranquilidad, pero no le resultó fácil cuando pensaba que tenía un ataque al corazón. Jose Luis iba a abrir esa puerta en cualquier segundo. La cuestión era cómo. ¿Vestido? ¿Desnudo?

Dio un paso en dirección a la cocina. El café. Ya estaba hecho. Se serviría una taza. Entonces se detuvo. No quería café. Se volvió hacia el pasillo. Necesitaba una toalla. Para su ducha. Una ducha fría.

No, quizá primero el café. Giró de nuevo y fue a la cocina.

— ¿Es un baile nuevo? ¿Algo parecido a la Lambada?

Se quedó quieta. No lo había oído abrir la puerta. No estaría desnudo. Giró la cabeza despacio. Al ver que estaba vestido, se relajó. Aunque no pudo negar que se sentía decepcionada.

— ¿Qué?

— Nada. El café está listo.

— Bien.

— Y la revista.

— Bien también. Gracias. ¿Te encuentras bien?

— Sí. Claro. Perfecta. Mejor que nunca.

— Es por el sexo, ¿no? – Jose Luis frunció el ceño.

Hanna asintió.

Se acercó a Hanna, con el cabello  mojado, la piel tan limpia y luminosa que tuvo ganas de tocarlo con ambas manos.

— Quizás no fue una buena idea— indicó.

— ¿Qué?

— El sexo.

— Oh, sí— se obligó a mirar algo que no lo excitara. El refrigerador.

— ¿Quieres olvidarlo?— preguntó JL, aunque Hanna notó que no estaba segura.

— Puede que eso no sea una mala idea.

— Lo sé. Fue una locura. Quiero decir, tenemos algo especial. Odiaría estropearlo.

— Sí, era lo mismo que me preocupaba a mí. Eres demasiado importante. No me gusta la idea de arriesgar eso.

— Lo sé— sonrió un poco—. Olvidémoslo. Fue una locura.

Lo miró y con las yemas de los dedos le rozó la mejilla. Eso fue todo. Suficiente.

Se inclinó para besarlo.



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