A Hanna le gustaba de esa manera. Era una mujer que se sentía cómoda con
los rituales y los hábitos. Todos los días se despertaba a la misma hora. Cada
noche se iba a la cama después de ver su programa favorito. Leía las revistas de la misma manera todas las mañanas,
respondía sus twitts y luego se centraba en el trabajo.
El camarero le llenó la taza de café y Hanna se relajó por primera vez aquella mañana. Volvía a sentirse segura. Entre Raul y su hermana. Inmerso en su mundo familiar. Todo ese asunto de acostarse con Jose Luis quedaba en espera, al menos durante la siguiente hora y media.
— Y bien. Dijo Raul, rompiendo un trozo del pan que ya tenía en el plato—, ¿Entonces ya se acostaron?
Poco había durado la seguridad.
— No, no lo hemos hecho— Jose Luis miró con expresión severa—. Y ustedes ya pueden dejar de preguntar. No es algo que vaya a suceder de la noche a la mañana.
— Yo pensaba que no iba a suceder— aunque a Hanna no le sorprendía que JL hubiera vuelto a cambiar de parecer.
— Oh, eso— Jose Luis agitó la mano en el aire—. Olvídalo. Me asusté durante unos momentos, nada más.
El camarero le llenó la taza de café y Hanna se relajó por primera vez aquella mañana. Volvía a sentirse segura. Entre Raul y su hermana. Inmerso en su mundo familiar. Todo ese asunto de acostarse con Jose Luis quedaba en espera, al menos durante la siguiente hora y media.
— Y bien. Dijo Raul, rompiendo un trozo del pan que ya tenía en el plato—, ¿Entonces ya se acostaron?
Poco había durado la seguridad.
— No, no lo hemos hecho— Jose Luis miró con expresión severa—. Y ustedes ya pueden dejar de preguntar. No es algo que vaya a suceder de la noche a la mañana.
— Yo pensaba que no iba a suceder— aunque a Hanna no le sorprendía que JL hubiera vuelto a cambiar de parecer.
— Oh, eso— Jose Luis agitó la mano en el aire—. Olvídalo. Me asusté durante unos momentos, nada más.
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