Pero no esa noche.
Por primera vez desde los tiempos de la universidad, se había sentido incómodo con una de las citas de Jose Luis. La charla sobre el abdomen no había ayudado. Ana, la enfermera, no había podido pasar cinco minutos sin mencionar abdomen, por el amor de Dios. ¿Era de extrañar que Hanna no fuera capaz de pensar en el abdomen de Jose Luis? ¿Qué tuviera que luchar contra el impulso de tocárselo?
— ¿Sigues ahí?
— Sí.
— ¿Hanna? – dijo jose luis
— ¿Hmm?
— Esta noche me mostró todo lo que debía saber. Maldita sea, dejemos de perder tiempo y energía en gente que no nos gusta. Yo estoy a favor de que nos dediquemos a un intercambio saludable de fluidos corporales.
Hanna se sobresaltó cuando un chorro de jugo de naranja salió disparado por la boca de la botella. No se había dado cuenta de que la estaba apretando con tanta fuerza. Dio otro trago y lamentó no haberle añadido vodka.
— ¿Y bien?
A pesar de lo atrevido de sus palabras, la voz de Jose Luis irradiaba nerviosismo. O tal vez no. Quizá la única que se sentía aterrado era ella. Fuera como fuera, no pensaba precipitar nada. Era demasiado importante. Pensó en Oscar, su cita. Era muy guapo e inteligente. También divertido. El tipo de hombre que le gustaba. Bueno, que solía gustarle. Pero esa noche no, esa noche quien le gustaba era Jose Luis Y eso era todo.
Por primera vez desde los tiempos de la universidad, se había sentido incómodo con una de las citas de Jose Luis. La charla sobre el abdomen no había ayudado. Ana, la enfermera, no había podido pasar cinco minutos sin mencionar abdomen, por el amor de Dios. ¿Era de extrañar que Hanna no fuera capaz de pensar en el abdomen de Jose Luis? ¿Qué tuviera que luchar contra el impulso de tocárselo?
— ¿Sigues ahí?
— Sí.
— ¿Hanna? – dijo jose luis
— ¿Hmm?
— Esta noche me mostró todo lo que debía saber. Maldita sea, dejemos de perder tiempo y energía en gente que no nos gusta. Yo estoy a favor de que nos dediquemos a un intercambio saludable de fluidos corporales.
Hanna se sobresaltó cuando un chorro de jugo de naranja salió disparado por la boca de la botella. No se había dado cuenta de que la estaba apretando con tanta fuerza. Dio otro trago y lamentó no haberle añadido vodka.
— ¿Y bien?
A pesar de lo atrevido de sus palabras, la voz de Jose Luis irradiaba nerviosismo. O tal vez no. Quizá la única que se sentía aterrado era ella. Fuera como fuera, no pensaba precipitar nada. Era demasiado importante. Pensó en Oscar, su cita. Era muy guapo e inteligente. También divertido. El tipo de hombre que le gustaba. Bueno, que solía gustarle. Pero esa noche no, esa noche quien le gustaba era Jose Luis Y eso era todo.
Sexo con Jose Luis. Santo
Dios, el pensamiento había adoptado una residencia permanente en su cerebro,
justo donde antes solía alojarse el sentido común. Y una vez instalado no
quería marcharse. No hasta que hiciera algo al respecto.
Respiró hondo y soltó el aire despacio, preparándose para saltar del trampolín.
— De acuerdo— aceptó, sabiendo que esas dos palabras iban a abrir un capítulo nuevo en su vida. Las cosas ya no volverían a ser las mismas. Podía ser maravilloso, tal como predecía Jose Luis. O podía ser la sentencia de muerte de la mejor amistad que nunca había tenido.
— Vaya.
— Sí, vaya. Maldita sea, Jose Luis, ¿y si... ?
— Para. Para en este instante. No podemos pensar en “y si”. Debemos creer que va a ser perfecto.
Respiró hondo y soltó el aire despacio, preparándose para saltar del trampolín.
— De acuerdo— aceptó, sabiendo que esas dos palabras iban a abrir un capítulo nuevo en su vida. Las cosas ya no volverían a ser las mismas. Podía ser maravilloso, tal como predecía Jose Luis. O podía ser la sentencia de muerte de la mejor amistad que nunca había tenido.
— Vaya.
— Sí, vaya. Maldita sea, Jose Luis, ¿y si... ?
— Para. Para en este instante. No podemos pensar en “y si”. Debemos creer que va a ser perfecto.
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