— ¿Hay algo que necesites decirme?
— No— rió—. Lo único que quiero dejar claro es que aún no has visto todas las partes.
— Hmm.
— Yo tampoco he visto todavía todas tus partes— Hanna respiró hondo, sintiendo que sus
partes se agitaban—. Tus otras partes misteriosas— añadió Jose Luis.
Hanna se movió en el sillón, preguntándose si debería colgar. Había llegado el momento
del cambio. Aún podía retractarse. Aún había tiempo.
— No tengo nada que no hayas visto antes.
— No te he visto a ti. Y ahora...
— ¿Qué?
— Necesito ver.
Una oleada de lujuria se abatió sobre Hanna con tanta fuerza que estuvo a punto de caerse
al suelo. Luchó por recuperar la compostura. Por mantener ligera la situación.
— Si crees que será de ayuda, puedo acercarlo al teléfono.
— No bromeo. Necesito verte desnuda Hanna.
— Si... — la voz le salió demasiado chillona. Carraspeó y comenzó otra vez—. Cuando lo
hagamos, lo verás todo.
— No— afirmó—. Tengo que verte primero
— ¿De qué estás hablando?
— Tengo que verte. A ti. Antes de que demos el siguiente paso.
— ¿Por qué?
— Porque sí. Lo necesito, ¿Ok?
— ¿De qué se trata, de una especie de prueba?— pensó espantada—. ¿Vas a cambiar de
idea si no estoy perfecta?
— ¡No! No, no tiene nada que ver con eso.
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