Esperó la explicación pero no llegó. Lo único que podía oír era sus respiración acelerada.
Solo podía pensar en partes, las suyas y las de el, y en la locura de la situación. La locura
de que pudiera estar pensando en verlo desnudo. En tocarlo, probarlo. Abrazarlo.
Cerró los ojos y se lo imaginó delante de ella. Resultaba tan fácil. Lo conocía tan
bien, Jamás se había permitido desearlo, porque sabía que no podía tenerlo.
Desde que hablaron de tener sexo no había pensado en otra cosa. La necesidad debía llevar
dentro de ella mucho tiempo. Justo bajo la superficie. Despertaba con Jl en la
cabeza. Y se dormía de la misma manera.
Le gustara o no, había cruzado la línea. Dudaba seriamente de que algún día pudiera dar
marcha atrás.
— Debo seguir un orden— continuó Jose Luis al final—. Pasos pequeños. Primero quiero
superar lo de la desnudez. Va a ser incómodo, los dos lo sabemos. Pero si lo hacemos de
una forma sosegada, seremos capaces de superar la incomodidad. Luego podemos dar el
siguiente paso.
— ¿Y esos dos pasos no pueden darse al mismo tiempo?
— No. Sé que piensas que estoy loco, pero compláceme, por favor.
— ¿Y cómo se supone que lo hacemos?
— Tú vendrás a mi casa. No, quizás aquí no. Tampoco en la tuya. Ya se nos ocurrirá
dónde. Y entonces...
— Nos desnudamos.
— No. Tú te desnudas. - dijo JL
La imagen ardiente que tenía en la mente se pinchó.
— ¿Qué? ¿Bromeas?
— Soy yo quien necesita ese paso. No tú.
— Yo no pienso desnudarme sola.
— ¿Por qué no?
— Porque es ridículo, por eso.
— No lo es. Es como debe ser.
— Jose Luis , me desnudaré todo lo que tú quieras.
JL soltó una risita. Fue un sonido estupendo. Nada infantil, sino ronco, bajo, sexy.
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