— ¿Puedes creerlo? Vamos a hacerlo.
— Sí— corroboró. Dejó la botella de jugo en la mesita y se reclinó en el sillón. Pudo ver que aún seguía un poco excitada. Con un poco de concentración podía llegar a excitarse mucho—. Debo colgar.
— No hemos terminado.
— Sí que hemos terminado.
— Pero...
— Buenas noches, Jose Luis. Hablaremos por la mañana.
— Ven a almorzar conmigo.
— De acuerdo. Ahora buenas noches.
— ¿Hanna?
— ¿Qué?
— Mi pelo es negro.
— ¿Qué?
— Piensa en ello— soltó otra risita—. Buenas noches.
Después de colgar se quedó con la vista clavada en el teléfono. Entonces lo comprendió. Oh, maldición
— Sí— corroboró. Dejó la botella de jugo en la mesita y se reclinó en el sillón. Pudo ver que aún seguía un poco excitada. Con un poco de concentración podía llegar a excitarse mucho—. Debo colgar.
— No hemos terminado.
— Sí que hemos terminado.
— Pero...
— Buenas noches, Jose Luis. Hablaremos por la mañana.
— Ven a almorzar conmigo.
— De acuerdo. Ahora buenas noches.
— ¿Hanna?
— ¿Qué?
— Mi pelo es negro.
— ¿Qué?
— Piensa en ello— soltó otra risita—. Buenas noches.
Después de colgar se quedó con la vista clavada en el teléfono. Entonces lo comprendió. Oh, maldición
No hay comentarios:
Publicar un comentario