viernes, 8 de noviembre de 2013

Capitulo 45

— y porque me preguntas de tener hijos?
Por nada en especial
—El problema contigo, mi querido JL, es que insistes en humanizar a las mujeres. Les das cualidades de seres humanos y luego, cuando no actúan como tales, te rompen el corazón.

— No es verdad. Lo que pasa es que me gustan. Y el hecho de haber sido herido algunas veces no significa que todos las mujeres son iguales.

— Quieres decir que Hanna no es una igual a esas mujeres.

— Exacto. No lo es.

— Perfecto. Tres entre seis millones. Y hablando de Hanna  ¿cómo va la misión?

Antes de que pudiera responder, Hanna, Ashley y Raul llegaron a la mesa. Se saludaron y justo en ese momento apareció el camarero, y tal como el  había pensado, llevaba una copa llena de cerezas para el martini. Apuntó el nuevo pedido sin poder quitar los ojos de su nuevo amor. Jose Luis abrió el menú.

Hanna se sentó a su lado, y mientras Jose Luis miraba las ensaladas, se acercó más de lo que era necesario dado el tamaño de la mesa. Justo cuando centraba su atención en los pescados, la sintió. Su mano en el muslo. Ligera, tentativa, un poco temblorosa, pero no se retiró. A medida que pasaban los segundos, el pulso se le disparó cuando la presión en su pierna aumentó hasta que ella depositó la mano con seguridad. El calor de su piel atravesó sus sentidos como si no existieran. No supo qué hacer. ¿Devolverle el contacto? ¿Sonreír? ¿Decir algo?

Al final logró mirarla. Los ojos de Hanna reflejaban calma. Bajó la vista con rapidez y Jose Luis  sintió que le daba un ligero apretón.

Aunque solo le tocaba la parte superior del muslo, la sensación recorrió todo su cuerpo. Contuvo el aliento. Notó un nudo en el estómago. No se había equivocado. Mientras dejaran de preocuparse y confiaran en ellos, nada iba a salir mal. Podían llegar a ser mucho el uno para el otro. Los complementos perfectos.





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