— Estoy de acuerdo. Y creo que te gustará este sitio.
Jose Luis tomó una de sus maletas mientras Hanna de su propia maleta. Había llamado con anticipación para advertir al propietario de que iban a llegar tarde. Quería que todo saliera bien. El fin de semana parecía tan frágil como el hielo Jose Luis estaba nervioso. Intentaba ocultarlo, pero lo notaba. El modo en que se mordisqueaba el labio. Cómo tarareaba. Deseó poder mitigar sus temores, pero la verdad era que Hanna se sentía igual de nerviosa.
Mientras subían por el sendero de grava. Hanna pensó en lo que había sentido por Jose
Luis desde el principio.
En un comienzo había sido más adoración que
afecto. Estuvo embobado, eso era todo. Pero con el tiempo había cambiado hasta
convertirse en la amistad más cálida de su vida. El objetivo del plan elaborado
por Jose Luis era liberarse del equipaje que siempre acompañaba al amor. La
necesidad, los juegos, los celos.
Jose Luis le
abrió la puerta. y entraron en el salón del antiguo edificio. Fue como
retroceder en el tiempo.
Paredes de madera con cuadros del siglo XVII
adornaban la entrada. El olor a pan recién horneado mezclado con el aroma de
especias le produjo una clama inmediata. La chimenea enorme que dominaba el
salón exhibía un fuego bien alimentado. Una pareja joven estaba sentada en un
sofá mullido, tan pegados que apenas se distinguía dónde terminaba el chico y
dónde empezaba la chica.
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