Cuando se abrió la puerta
del baño Hanna respondió a su propia pregunta. Su problema no radicaba en tener
sexo con Jose Luis, sino que Jose Luis tuviera sexo con ella.
Con anterioridad había estado nerviosa por hacer el
amor, pero nunca de esa manera. Antes jamás había tenido mucho que perder si
las cosas no funcionaban. Pero, ¿y con Jose Luis? ¿Y si no se excitaba en
cuanto se metiera en la cama? ¿Y si detestaba el modo en que ella besaba?¿Y si
era demasiado ruidosa y eso lo enfriaba?
¿Y si se largaba y lo llamaba desde Nueva York?
Era demasiado tarde Jose Luis le sonrió e indicó el
baño.
— Es todo tuyo.
¿Cómo podía estar tan tranquilo? Parecía como si para
él fuera una noche más, sin nada en juego. ¿No le importaba que todo pudiera
cambiar?
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