jueves, 26 de diciembre de 2013

Capitulo 71

Jose Luis continuó acompañando todos los temblores. Luego se detuvo, se sentó, capturó sus piernas justo debajo de las rodillas y Hanna sintió su grueso calor irrumpir en su interior. Al penetrarla experimentó un segundo orgasmo. Jose Luis la llenó por completo, mitigando al fin la palpitación que había amenazado con volverla loca.

Le alzó las piernas hasta los hombros con el fin de poder penetrarla de forma más plena. Sus caderas la embistieron con aspereza, la energía que había detrás de ellas tan fiera y básica como la del hombre primitivo, tan urgentes y poderosas como una fuerza de la naturaleza.

Hanna abrió los ojos y lo vio contemplándola, sin parpadear, el rostro una máscara de lujuria, la mirada tan ardiente que la abrazó. En ningún momento JL apartó los ojos. Se dedicó a embestirla una y otra vez a un ritmo creciente a medida que la tensión de su cuerpo resaltaba las venas de su cuello.

Temblando, apretando, Hanna lo succionó, deseando hacer que entrara más y más dentro de su cuerpo. Jose Luis acomodó sus piernas en torno a la cintura y Hanna se sujetó allí con todas sus fuerzas.

Estaba a punto de alcanzar su propio orgasmo. Pudo verlo en su cara, sentirlo en su ritmo palpitante. Pensó que iba a gritar pero Jose Luis se inclinó y la besó con ardor. Hanna le devolvió el beso a la espera de su momento de liberación.

Cuando tuvo lugar, Jose Luis gritó, pero sin quebrar el beso.  Hanna sintió el aire de sus pulmones, la canalización de la energía entrar en ella como un haz de luz blanca que la llevó una vez más al clímax.

Experimentaron juntos el orgasmo. Duró mucho tiempo. Oleada tras oleada de placer estremecedor, de contracción y relajación, para volver a ponerse tensos.

Por último, la tierra recuperó su movimiento normal, dejándolos a los dos húmedos, con el cabello revuelto y totalmente exhaustos.

Finalmente Jose Luis interrumpió el beso. Pero antes de apartarse, sonrió y eso le derritió el corazón a Hanna. Jamás se había atrevido a esperar que fuera de esa manera. Su imaginación no era tan buena.

Había sido algo tan superior que la asustaba.


Jose Luis se puso de espaldas tratando de que le disminuyeran las palpitaciones. Sabía que tenía que ir al baño a ducharse, pero no se movió. Se había quedado sin un gramo de energía, y al estar echado, pensó que era posible que no pudiera volver a moverse.

Bueno, no. Si Hanna quería una segunda ración lo conseguiría. Aunque iba a necesitar un rato para recuperarse lo suficiente para hablar, menos aún para actuar.

— Tienes valor— comentó hanna.

Jose Luis alzó la cabeza para poder verla. Resultó tanto esfuerzo que volvió a dejarla caer sobre la almohada.

— ¿Por qué?

— Porque nunca me lo dijiste.

— ¿Decirte qué?


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