sábado, 25 de enero de 2014

Capitulo 101




Narra Hanna:
No tendría que haberlo invitado a que fuera con ella al apartamento. Aunque quizá era una masoquista nata que obtenía un placer enfermo en torturarse. Era como si se muriera de sed y tuviera un vaso enorme con agua fría justo fuera del alcance de su mano. Podía tener a Jose Luis, pero no podía tenerlo.

Una cosa era segura. Debía superar esa fantasía romántica en que los dos avanzaban de la mano hacia el crepúsculo, o debería dejar de acostarse con él. La primera opción no parecía buena. Por algún motivo retorcido, su cerebro se negaba a descartar esa imagen. A pesar de sus mejores intenciones, no daba la impresión de ser capaz de olvidarse del matrimonio. La semana anterior se había encontrado escribiendo: Señora de Jose Luis Ortega. Señora Hanna De  Ortega. Hanna de Ortega

Era algo demencial. Entendía que la biología jugaba una parte en su locura. Sabía que hacer el amor, para una mujer era algo más emocional que físico, que sus sentimientos por Jose Luis reflejaban alguna profunda y primitiva reacción que tenía más que ver con la procreación que con la recreación. Pero saber todo eso no significaba solucionarlo. La lógica no intervenía en el asunto. Lo necesitaba en el plano celular, era una necesidad que superaba toda función cognoscitiva.

Para él solo era un magnífico revolcón sin compromiso.

Hanna buscaba una felicidad eterna que sabía que no podría conseguir. Sin embargo, allí estaba, en su propio baño, con el cepillo de dientes en la mano, a solo unos minutos de meterse en la cama con Jose Luis mientras su cuerpo se preparaba, con los pezones duros, las pupilas dilatadas y un anhelo que no se mitigaba.

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