—¿Hemos llegado?
—Sí.
Hanna se irguió, parpadeó para despejarse y se acomodo un poco el cabello.
—Lo siento. No sabía que iba a quedarme dormida.
—No te preocupes —se quitó el cinturón de seguridad—. Me alegro de que pudieras descansar algo.
—Debes estar agotado.
—En realidad, no. Me siento muy bien.
Ella se quitó el cinturón de seguridad y bajó del coche. La observó estirarse con los brazos en alto, lo cual le levantó la blusa y le permitió verle el estómago. Las mallas que llevaba le ceñían el cuerpo lo suficiente para ver todas sus curvas. La deseaba. Hanna se dirigió a la cajuela y Jose Luis bajó a toda velocidad, preguntándose si sería demasiado preguntarle si podía quedarse a pasar la noche. O quizá debería subir y ver qué pasaba. Apretó la llave electrónica y la cajuela se abrió. Fue a recoger las maletas pero ella se le adelantó.
—No hace falta que subas. Puedo arreglármelas.
—No me importa –indicó—. No es ningún problema.
—Cómo quieras.
Tomó la maleta más grande y la siguió al interior del edificio. El portero le sonrió o quizá fuera más apropiado decir que la comió con la vista. Jose Luis no lo había visto antes. Era mucho más joven que el anterior. Lo odió en el acto.
—Sí.
Hanna se irguió, parpadeó para despejarse y se acomodo un poco el cabello.
—Lo siento. No sabía que iba a quedarme dormida.
—No te preocupes —se quitó el cinturón de seguridad—. Me alegro de que pudieras descansar algo.
—Debes estar agotado.
—En realidad, no. Me siento muy bien.
Ella se quitó el cinturón de seguridad y bajó del coche. La observó estirarse con los brazos en alto, lo cual le levantó la blusa y le permitió verle el estómago. Las mallas que llevaba le ceñían el cuerpo lo suficiente para ver todas sus curvas. La deseaba. Hanna se dirigió a la cajuela y Jose Luis bajó a toda velocidad, preguntándose si sería demasiado preguntarle si podía quedarse a pasar la noche. O quizá debería subir y ver qué pasaba. Apretó la llave electrónica y la cajuela se abrió. Fue a recoger las maletas pero ella se le adelantó.
—No hace falta que subas. Puedo arreglármelas.
—No me importa –indicó—. No es ningún problema.
—Cómo quieras.
Tomó la maleta más grande y la siguió al interior del edificio. El portero le sonrió o quizá fuera más apropiado decir que la comió con la vista. Jose Luis no lo había visto antes. Era mucho más joven que el anterior. Lo odió en el acto.
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