Oyó cómo
la llamaba mientras se dirigía al tocador. La orquesta interpretaba Set fire to
the rain de Adele. Las parejas bailaban. Los camareros iban y venían con las
bandejas.
Hanna atravesó la puerta pero se detuvo en seco al ver a la novia justo fuera del salón, preparándose para arrojar el ramo de flores. Una docena de mujeres solteras movía los pies, a la espera. Hanna no fue capaz de mirar. Aceleró el paso, tratando de pasar junto a las mujeres sin llamar la atención.
Pero el ramo la golpeó en la nuca.
Hanna atravesó la puerta pero se detuvo en seco al ver a la novia justo fuera del salón, preparándose para arrojar el ramo de flores. Una docena de mujeres solteras movía los pies, a la espera. Hanna no fue capaz de mirar. Aceleró el paso, tratando de pasar junto a las mujeres sin llamar la atención.
Pero el ramo la golpeó en la nuca.
Jose Luis besó en la mejilla a Carolina
y la abrazó con fuerza. Se sentía muy feliz por ella, y por Ricardo. Aunque era
raro. Un bebé. Cambiaría las cosas, y no solo para los padres. Su pequeño grupo
ya no sería el mismo, nunca más. Por eso, se sentía triste. Pero nada permanecía
igual para siempre. La gente crecía. O al menos envejecía.
—¿Adónde fue Hanna?
—Creo que al tocador.
—¿Está bien? —Carolina frunció el ceño
—Por lo que yo sé, sí.
—Ve tras ella, ¿de acuerdo? —separó sus manos de la cintura.
—Vas a ser la mejor madre en toda la historia de la maternidad —le sonrió.
—Eso no lo sé, pero al bebé jamás le faltará amor y atención. ¿No es verdad, tío Jose Luis?
—Así es.
—Y ahora ve a buscarla.
—Creo que al tocador.
—¿Está bien? —Carolina frunció el ceño
—Por lo que yo sé, sí.
—Ve tras ella, ¿de acuerdo? —separó sus manos de la cintura.
—Vas a ser la mejor madre en toda la historia de la maternidad —le sonrió.
—Eso no lo sé, pero al bebé jamás le faltará amor y atención. ¿No es verdad, tío Jose Luis?
—Así es.
—Y ahora ve a buscarla.
La única que no rebosaba
felicidad era Gloria. Se hallaba un poco por detrás de Christian, sosteniendo
la copa de vino, tan serena y hermosa como una princesa. Sonreía, pero no era
real. Había demasiada tristeza en sus ojos. Probablemente pensaba en los niños
que podría haber tenido si Larry no hubiera sido un imbécil. Jose Luis se le
acercó y le dio un beso justo debajo de la oreja derecha. Ella se sobresaltó,
pero luego rio, y fue agradable oír ese sonido.
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